Está considerada
una de las obras más hermosas de la arquitectura colonial en Buenos
Aires. Es el segundo templo más antigüo de la ciudad y uno de los
pocos que conservan todos sus retablos, imaginería y ornamentos.
Debe su nombre a la patrona de la ciudad de Zaragoza. Allí nació
Juan de Narbona, un comerciante muy rico que en 1716 fue autorizado
por una Real Cédula a construir un templo en este lugar. La primera
capilla fue inaugurada en 1732, la empezó a construir el arquitecto
jesuita italiano Andrés Bianchi y la terminó Juan Bautista Prémoli.
En 1821 el Gobernador Martín Rodríguez y su Ministro de Gobierno
Bernardino Rivadavia, expulsaron a los frailes de la Recolección
expropiando todos sus bienes, quedando cerrada la iglesia por varios
años y en la antigua huerta se creó el Cementerio de la Recoleta.
En 1834 se destinó el Convento a asilo de mendigos y luego de
ancianos.
En 1881 el arquitecto Buschiazzo construye la fachada del
cementerio. Luego, en 1930 el arquitecto André Millé le devolvió su
aspecto original.
El Papa Pio XI la eleva a Basílica en 1936. El 21 de mayo de 1942 se
la declaró Monumento Histórico Nacional.
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