El templo es de
1916 y fue encargado por la familia Anchorena a los arquitectos
Couloms y Chauvet.
Es uno de los templos más lujosamente decorados de la ciudad: se
destacan la gran custodia construida en oro y plata; un órgano
francés de 1912; importantes vitrales y ornamentos de mármol,
granito azul, bronce y mosaico veneciano.
Es una basílica dedicada a la Adoración Perpetua, donde a diferencia
de otras basílicas antiguas, no se exalta especialmente la Mesa del
Sacrificio. Sus cinco torres -tres en el frente y dos en el ábside-
no son flechas lanzadas al cielo como en las catedrales góticas ni
muros cuadrados de iglesias románicas que pareciera que con
dificultad se levantan del suelo. Por su misma contextura, se
manifiesta el espíritu de gracia que sigue el camino de lo celestial
moldeando primero la materia y comunicándole los atributos
requeridos para que resulte homenaje adecuado al Rey en su mansión
eucarística. Un grupo escultórico en mármol blanco muestra la
Elevación de la Custodia como expresión del ideal eucarístico de
esta basílica.
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