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Ubicación: Alsina 455, Monserrat.

En las calles Alsina y Defensa se alza un gran conjunto arquitectónico colonial de casas, que en tiempos pasados fueron blancas y hoy, se ven gris por el paso del tiempo. Son edificios que integran el Museo de la Ciudad y revisten gran importancia como patrimonio arqueológico, arquitectónico y cultural. Se trata de cuatro construcciones de época ubicadas a una cuadra de lo que fue el corazón de la ciudad colonial.

Una de estas casas, también conocida como Altos de Ezcurra, forma parte del Museo de la Ciudad desde 1971 y se encuentra ubicada en uno de los solares de la tiranía de Rosas, en una calle que por aquel entonces se llamaba Potosí. Fue declarada Monumento Histórico Nacional en 1997.

La misma pertenecía a María Josefa Ezcurra, quien según se cree, habría sido amante del General Manuel Belgrano (creador de la bandera argentina) con quien tuvo un hijo. Además esta mujer, fue famosa por haber sido fervorosa partidaria del régimen rosista (época de dictadura en Argentina), lo que le valió numerosas críticas de los opositores intelectuales.

Esta mujer, criolla vieja y sagaz, de mirada penetrante, fue cabeza del servicio secreto de vigilancia del general Rosas (esposo de su hermana) a quién apoyó firmemente, persiguiendo con saña a los enemigos del tirano. La casa ha sido considerada parte de la historia del país ya que en ella se realizaban numerosas reuniones en las que Rosas conferenciaba en secreto con sus hombres de confianza, las cuales quedaron retratadas en la obra literaria de la novela de José Mármol, “Amalia”.

Se trata de una construcción realizada en 1836 en dos plantas por Saturnino Segurola. La familia Ezcurra utilizaba como vivienda la plata alta, ya que alrededor de 1860, la planta baja se destinó a uso comercial, cuya carpintería interior, realizada a comienzos del siglo XX, aún se conserva intacta.

Es una típica casa cuya fachada pintada del color federal, el rojo, muestra influencias del renacimiento italiano.
A excepción de algunos tabiques y cielorrasos, la histórica residencia conserva las características que tenía en los años 1840 al 42. Su dueña permaneció viviendo en ella hasta su muerte, en el año 1856.

La puerta de entrada, de dos hojas, mantiene la estructura de tableros utilizada en tiempos de la colonia. Por ella se accede a una escalera de grandes dimensiones, construida con palma paraguaya que lleva a una piececilla que sirvió muchas veces de escondrijo a don Juan Manuel de Rosas cuando se ocultaba de las gentes para redactar sus terribles órdenes.

Al recorrer las piezas de puertas chatas y anchas nos encontramos con corredores sombríos, por los cuales desfilaban los mates que refrescaban las gargantas de los espías y los sicarios de la Sociedad Popular Restauradora.

La azotea o terraza que fue testigo de sus encuentros con Manuel Belgrano, se encuentra exactamente como hace ochenta y seis años. Aquí se puede ver un monograma de hierro matillado de 30 centímetros de diámetro.

En 1861 la casa se vendió a la familia Hayton, quienes pusieron en la planta baja donde había estado el patio de los gladiolos de la señora, la Imprenta San Martín, la cual aún mantiene el mismo estado de aquellos años, aunque sus máquinas hoy han enmudecido. La planta alta fue alquilada habitación por habitación. Años después, donde estaba la imprenta, se puso la cocina de un hotel vecino.

En 1925, el arqueólogo Daniel Schavelzon y su equipo, comenzaron un trabajo de investigación en la casa, con el auspicio de la Secretaría de Cultura porteña, con el objetivo de conocer parte de la historia anterior y dejar entrever las formas de vida cotidiana del periodo investigado. El resultado fue un tesoro arqueológico con casi 25.000 piezas, muchas de las cuales son pedazos. Encontraron 9.000 huesos de animales y 2.500 tipos de imprenta, entre ellos tipos de plomo.

Se sabe que la primera casa que hubo en el terreno se levantó a mediados del siglo XVIII, pero antes de ella el terreno era un baldío que se utilizaba como basurero, del cual todavía subsiste una vasija guaraní del siglo XVI que a simple vista podría ser precolombina. Se supone que fue fabricada por gente sin contacto con la cultura española. Esclavos en el fondo. La casa primitiva, según estas investigaciones, era pequeña y ocupaba la mitad del lote, el resto era patio con piso de tierra donde vivían la servidumbre y los esclavos ya que allí aparecieron pipas y platos hechos según las costumbres africanas. En uno de los pozos de basura apareció un cuchillito de hueso de vaca: un zarpazo del pasado, la vida miserable de los esclavos, dueños de nada.

Entre los escombros se encontraron vasijas, botellas, frasquitos que contuvieron los remedios del siglo pasado. Hallaron cubiertos e incluso las hojas de algún libro impreso en 1892 perteneciente a la imprenta que allí se encontraba.

Además se encontraron muchas piezas de cerámica fina, loza, vidrio y finas telas antiguas que se supone pertenecieron a los amos. El 99,5 por ciento de las piezas encontradas allí es importado. Casi todo, inglés porque en esa época la práctica de la aduana paralela ya había roto el monopolio español.

En el segundo patio de la casa apareció una cisterna de agua y ropa: chaquetas, faldas, zapatos.

Finalmente, debajo de la mampostería se descubrieron algunas puertas con carpinterías originales.

La casa fue adquirida por la Municipalidad de la Ciudad de Buenos Aires en 1971, a pedido del arquitecto José María Peña, director del Museo de la Ciudad, al cual fue donada con el propósito de formar parte del mismo.

Lamentablemente, y como tantos otros lugares históricos debió soportar el abandono, desidia y desinterés de las autoridades, degradándose y deteriorándose peligrosamente hasta que en el año 2009 se creó un proyecto de restauración que incluye la mejora de 66 fachadas seleccionadas teniendo en cuenta el alto valor patrimonial de las mismas.

El objetivo final de este proyecto es abrir comercios como los que existían a principios del siglo XIX, con escenografía de la época, luciendo carpintería y rejas originales.

Para realizar esta obra se tuvieron en cuenta los planos de obras sanitarias realizados en el año 1893, documentación de diverso origen existente en archivos de la ciudad, como planos de obras sanitarias y relevamientos anteriores.

Todos los objetos aparecidos durante las investigaciones realizadas en 1925, han sido expuestos en una sala ubicada en el sector del antiguo pozo de basura. Los pozos de basura y de agua hoy están a la vista del público, para que quien desee visitar la casa pueda apreciarlos. El pozo de agua se complementó con un aljibe de mármol que se corresponde con la época de su construcción, aunque no haya pertenecido a la casa.

En los muros se hicieron tareas de cateo y se descubrieron puertas con sus correspondientes carpinterías originales, que estaban tapiadas con mampostería, además se realizó un estudio estratigráfico, observando las distintas capas de pintura a la cal que cubren las paredes. Los ladrillos de los sectores demolidos, vigas y madera, herrajes y clavos, se guardaron para ser reutilizados. El estudio de sus dimensiones permite establecer la edad del muro de donde provienen.

La casa viste muebles de época para mostrar su antiguo esplendor y en ella se instalaron diferentes objetos de la vida cotidiana de los porteños entre 1830 y 1850.